miércoles, 19 de agosto de 2009

UNA METODOLOGÍA EDUCATIVA BASADA EN ESTÁNDARES DE RENDIMIENTO Y EFICIENCIA

El paradigma anglosajón de la formación tiene una propuesta que pareciera atrevida, pero a la cual nos acercamos con sigilo. La educación concebida desde lo económico, vista como una inversión y pensando en la oportunidad de empleo desarrolla técnicas de elaboración del programa escolar en miras de que el educando implemente comportamientos utilitaristas.

Partiendo de un diagnóstico de necesidades se racionalizan los actos educativos de manera que garanticen el rendimiento y la eficiencia. Así, todo está premeditado en la educación: los contenidos vinculados a concepciones provenientes de la economía de la educación, administración científica del trabajo y el pragmatismo; el perfil del egresado, la duración del programa que debe ser obviamente corta con tal de guardar el principio de la economía y no prolongar la inversión y por supuesto la rentabilidad.

Nos cuesta trabajo identificar este planteamiento en la educación colombiana cuando, a pesar de nuestra falta de recursos económicos, hemos insistido en la formación integral que comprenda una dimensión cognoscitiva y de la personalidad. No obstante, el modelo capitalista se ha ido colando desde gobiernos atrás; los programas de estudio se van haciendo más cortos y el analfabetismo funcional es aceptado como la salida de emergencia más rápida.

Frente a esta encrucijada las opiniones están divididas y en ocasiones la balanza se inclina hacia el paradigma anglosajón. La razón está en los bolsillos vacíos, en las panzas hambrientas, en la sobrepoblación; pero existen también razones como la violencia, el desplazamiento forzado, la intolerancia y la discriminación que nos hacen pensar que una sociedad sin valores tiene menos posibilidades de sobrevivir que una sociedad económicamente desarrollada.

jueves, 13 de agosto de 2009

LA DOCENCIA FRENTE A LAS ACTUALES TENDENCIAS DELA EDUCACIÓN

La educación en Colombia aborda tantas problemáticas que estudié para convertirme en maestra. Quizá la voluntad de un espíritu no haga la diferencia, pero se tiene la posibilidad de contagiar a más de uno con sus ideas, con sus propósitos y sus sueños.

Sabemos que las tendencias educativas actuales hacen que la relación entre cobertura y calidad sea inversamente proporcional. Las nuevas políticas del estado vendieron una idea de autonomía financiera que llenó las aulas de clase y empezó a afectar a la comunidad educativa en general; por cada educando matriculado la institución recibe un estímulo económico, sin embargo, no aumentan el personal requerido, los espacios físicos ni los equipos que garanticen un buen funcionamiento de la escuela.

En este panorama el maestro parece estancarse. Su esfuerzo y su experiencia tienen un reconocimiento profesional y económico pobre o nulo. Lejos de ser el paraíso intelectual, la escuela se convierte en una experiencia aniquiladora que adormece el ingenio y nos enseña a sufrir con paciencia los defectos de los demás. Está prohibido aburrir al educando, la atención fotográfica del estudiante obliga al maestro a abordar los contenidos en el menor tiempo posible y a través de métodos interactivos que partan de la iniciativa del propio estudiante, aunque pierdan el objetivo académico.

Además, se tiene por supuesto que el maestro está designado a corregir al niño, a formarlo, instruirlo y prepararlo para enfrentar las demandas y ofertas del mundo en globalización. La primera paradoja en este planteamiento está en concebir al maestro como un fracasado predestinado a la pobreza, pero a quien al mismo tiempo se le confía la educación de los ciudadanos del futuro. En segundo lugar encontramos la evasión de los padres de familia respecto a la labor educativa; en este caso el temor a asumir la autoridad y a abandonar la juventud está negando a los niños la posibilidad de tener una primera socialización donde se prepara para enfrentar luego la etapa de la escuela. Lo anterior crea un conflicto en la medida que el educando estará desarrollando una etapa de su formación en un contexto que no corresponde, un fracaso en esta situación podría determinar esquemas de comportamiento que afecten al individuo hasta la adultez. En tercer lugar está la escandalización frente a la avalancha de modelos e información que reciben la niñez y la juventud y su manera de interpretarlos, y cómo la escuela y los maestros deben lograr un equilibrio “sano” por así decirlo. En cualquiera de estas tres situaciones la figura del maestro resulta la más recurrente pese a considerarlo incapaz de mayores logros.

En este sentido, nos encontramos con la dificultad de tener un poder restringido y temporalmente concedido que podemos utilizar siempre y cuando sea en servicio de la sociedad. En nuestra labor, la modernidad ha implantado generosamente un sinnúmero de dilemas que nos señala como responsables de una transformación positiva que parta desde la negación hacia el enfrentamiento de la misma modernidad. La televisión, la internet, los juegos de video, las drogas, el sexo, la religión, la ética y la sociedad de consumo bombardean desde la primera infancia; es frente a estos aspectos que debemos concienciar a los educandos, pero pretenden que lo hagamos prohibiendo su uso y mitificando su existencia.

En suma, nuestro sistema educativo plantea tantos retos que nunca es tarde para asumir la responsabilidad de ayudar a que otros encuentren el camino a partir de nuestra orientación.

sábado, 8 de agosto de 2009

¿CUÁNTO DEBEN DURAR LOS ESTUDIOS ACADÉMICOS EN UNA INSTITUCIÓN?

Observando el sistema educativo francés encontramos que la educación que depende de la institución se da a partir de los dos años en “La crèche”, enseguida está “L’école maternelle”, a los seis ó siete años el niño ingresa a “L’école primaire”, más tarde vienen tres años en la etapa del “Collège” y los estudios que certifican al ciudadano para la vida laboral que toman tres años más. Si se es aspirante a una preparación profesional se pasa del “Collège” al “Lycée”, “La licence”, dos maestrías y finalmente un doctorado. Lo anterior quiere decir que tomaría entre veinticuatro ó veinticinco años llegar a tener el título en un doctorado.

Tan exhaustiva misión nos hace preguntarnos ¿vale la pena arriesgarse a dedicar tantos años de estudio en una institución? Me refiero a un riesgo por varios motivos; el primero de ellos es la calidad de esa educación. Puede que algunas instituciones hagan esfuerzos por brindar a la comunidad educativa sus mejores propuestas, pero eso sucede en ocasiones reducidas que tienen sus límites más que todo en lo económico; la educación de calidad, si bien es un derecho de todos es un deber que pocos cumplimos y que por ende pocos gozan.

El segundo motivo que justifica la inseguridad es lo alejadas que se encuentran las instituciones del contexto real del educando. Actualmente muchos caemos en el dilema de si se aprende más “viviendo” (practicando sin ninguna teoría y a través del ensayo-error) o asistiendo a la escuela; la idea en realidad no resulta descabellada si se piensa en aquellas familias que necesitan con urgencia que sus generaciones más jóvenes empiezan a producir para sacar la cabeza del lodo de la pobreza.

En tercer lugar están las oportunidades de trabajo que tiene una persona con estudios que tomaron más de veinte años en comparación con una que ha dedicado doce o trece. Hoy por hoy, sobretodo en nuestro país, las pequeñas, medianas y hasta grandes empresas prefieren estudios técnicos y de instrucción que hayan capacitado al empleado en determinado campo. Esta elección les permite contratar mano de obra calificada a un bajo costo. No siendo suficiente muchas de estas personas son explotadas durante sus primeros meses de trabajo con el pretexto del “periodo de prueba” o “etapa de adquisición de experiencia”. Una vez superado dicho periodo el empleado se convierte en un tipo de ser humano “orquesta” que se desempeña en cualquier oficio aun si no lo contempló su programa de estudios. Por el contrario, aquél que estudió una veintena de años se considera demasiado “preparado” para el puesto y con una aspiración salarial imposible de cubrir.

Tenemos entonces un presente de profesionales exiliados, inmigrantes y frustrados. A partir de esta realidad se pide paradójicamente a los maestros convencer a sus estudiantes de que estudiar es la mejor opción; a pesar de esta realidad un porcentaje considerable de jóvenes sigue ingresando a las universidades; contra esta realidad deben reaccionar las empresas privadas y del estado con tal de motivar la integración a la escuela y con esta realidad ¿vale la pena arriesgarse a dedicar tantos años de estudio en una institución?

proto expo Not

pendiente...

proto bruner

pendiente...

lunes, 3 de agosto de 2009

SIEMPRE PROMESA

En las diferentes épocas, el niño ha sido lo que se espera que sea. El sistema educativo actual como el de hace siglos está centrado en las futuras generaciones. No obstante, el anhelo de ser de cada sociedad varía conforme a los factores que la afectan, los que en ella influyeron y los campos de acción futuros. La creciente economía, por ejemplo, arrasa con su dinámica mercantilista e impone el ritmo acelerado de las tasas en la vida privada del hombre. En la educación, los rencores, las frustraciones, las virtudes, los modelos, la ambición, y otros tantos pesares e ilusiones de los padres y maestros, van marcando al niño en sus primeros años. Sea en una institución o fuera de ella hemos sido producto de. Hasta este punto se haya definido el niño como la promesa de lo que se pudo ser, de lo que se quiere llegar a ser, el fruto de la “preciosa educación temprana” de la que habla Rafael Pombo en uno de sus poemas; pero ¿Tenemos hoy la misma concepción?

El niño no es más una masa moldeable, es un ser humano con derechos y deberes, a quien se le tiene en cuenta en todas sus dimensiones. Este mismo paso nos ha reivindicado en la justicia y la igualdad y nos ha costado un cambio significativo en los esquemas de autoridad tradicionales. El maestro y los padres dejaron de tener la última palabra para convertirse en los guías y compañeros. El niño empieza a construir para sí un mundo pluricultural que ha llegado a él a través de los medios de comunicación masiva y los avances tecnológicos donde la diversidad de opciones le otorgan la autoridad de escoger cómo, dónde y cuándo. La interacción directa con el otro desaparece desde la etapa del juego y los valores de la familia, la escuela y la iglesia son reemplazados por los valores del primer mundo.

En este sentido el niño es una persona multidimensional que adapta el entorno de acuerdo a sus demandas, que hace que el sistema educativo entre en crisis cada vez que no es capaz de responder a sus necesidades inmediatas, el niño modifica y autoriza. Sin embargo, existen casos en que ni la sociedad, ni los padres, ni los maestros somos tan justos e igualitarios. La sobrepoblación y la pobreza han llevado a las aulas cantidades de pequeños mundos, seres humanos complejos que no tienen la oportunidad de ser escuchados y de ejercer esa autoridad que tienen otros. El niño, por lo tanto, sigue siendo para la educación la promesa que la sociedad demanda.

EL PROPÓSITO DEL EDUCADOR POPULAR

La educación popular en América Latina partió como un deseo de transformación; la lucha por la igualdad inspira revoluciones y teorías de liberación que contemplan en la educación el inicio de una nueva sociedad calificada para emanciparse. Con este propósito y con diferentes intenciones la iglesia y los librepensadores de la época desarrollan escuelas y propuestas educativas con el fin de armar a los ciudadanos ya sea capacitándolos en busca de la productividad, en una dinámica de participación en la organización o despertando una conciencia crítica entorno a la desigualdad de clases.

En el campo o en la ciudad, desde la iglesia o desde la academia se erige la idea de una educación popular. Sin embargo, se van haciendo necesarios unos supuesto teóricos que orienten esta labor. Con este objetivo el teórico de la educación Paulo Freire aporta algunas ideas, además del brasileño, pocos se detienen en la reflexión entorno a la acción educativa. Con la confusión entre pedagogía y metodología nacen otros problemas que parten del contexto social, político y económico mundial.

En el siglo XXI la globalización pretende la unidad eliminando la diversidad. La clase popular deviene entonces en aquellos contrarios a la mundialización. La defensa de la identidad cultural de las minorías y el conflicto por la independencia política y económica resucitan la oposición de décadas atrás. La educación popular ya no depende de un deseo de liberación. El conflicto interno que se desata con la sociedad de consumo, el capitalismo y el desarrollo tecnológico crea al ciudadano del mundo, el nuevo cliente de la educación popular.

Hoy, el educador popular debe realizar su labor asumiendo el contexto del estudiante y tratar de transformarlo a través de la socialización cultural dentro y fuera del aula. Allí se dará la autoafirmación, el reconocimiento del uno por el otro y por tanto el descubrimiento de una relación de semejanza que nos obliga a la solidaridad en la medida que seamos conscientes de nuestra infinita transformación como seres humanos.